Siempre me ha gustado la lectura, descubrí el amor por ese mundo a los 8 años. Recuerdo también mi primera Biblia, tenía tapa rosada y era pequeña. Sin embargo, no recuerdo el momento exacto en el que me enamoré de la lectura de la palabra de Dios, de lo que sí estoy segura es que ha sido de las mejores experiencias, porque como dice una frase que leí por allí, es el único libro en que el autor está presente todo el tiempo mientras lo leo.

Cuando era niña mi mamá visitaba a una anciana, doña Lina, recuerdo que algún día mencionaron que doña Lina había leído la Biblia completa y ese día en mi corazón se implantó esa necesidad. Cuando llegué a la edad suficiente para entender me recordé esa promesa y leí la Biblia de pasta a pasta por primera vez en la vida. Después de esa vez la he leído cuatro veces más y voy a la mitad de la sexta. En algún punto entendí que no se trataba solo de leer de pasta a pasta, sino de meditar en ella, escudriñarla, estudiarla, entenderla, y es fascinante como cada vez que la leo he descubierto nuevas cosas, como si nunca la hubiera leído.

Mi hambre por aprender de la palabra fue en aumento y hace un año Ligia, nuestra presidenta, nos hace una invitación para estudiar una licenciatura en Teología, ni lenta ni perezosa acepté el reto. El proceso terminó el domingo pasado con nuestra graduación, se lee super fácil, pero el logro fue un cúmulo de noches de desvelo, tareas por realizar, asistir a clases y también hacer nuevos amigos, acumular nuevas experiencias y sobre todo conocer el corazón del Padre, explorar a profundidad su plan de salvación y experimentar en carne propia que no se trata de nosotros, sino de Jesús, ha sido Jesús desde la eternidad y será él hasta la eternidad.

Mi propósito al contarte esto es que tú también tienes la oportunidad de aprender más sobre su palabra, de llenarte de conocimiento, pero sobre todo de experimentar todo lo que te decía anteriormente.

Julieta Gonzalez