LÁGRIMAS

LÁGRIMAS

Hay muchas razones por las que lloramos. Puede ser de dolor, de tristeza, de angustia, de frustración, de enojo, de alegría, de fuerza, de empatía, lágrimas por enfermedad (por ej. Problemas con la córnea, alergias, etc), lágrimas de toxicidad (a raíz de un trastorno o manipulación), de victimización y autocompasión, incluso hasta hemos llorado si nos enchilamos, o si vamos corriendo y el aire nos pega fuerte en la cara.

Existen lagrimas naturales y artificiales (por cierto, te las venden en la farmacia). También están las lágrimas de cocodrilo, no sé si sabías, pero esta famosa frase se usa para expresar que son lágrimas fingidas, pues cuando un cocodrilo está devorando a su presa, llora al hacerlo. Y finalmente, hay lágrimas que sanan, en especial las que derramas al sentir el toque del Espíritu Santo en ti. 

El llanto es un tipo de lenguaje que utilizamos desde que nacemos, es el primer sistema de comunicación que tenemos. El llorar, es un acto voluntario que podemos decidir cuando terminar. 

Por increíble que parezca existe el oficio de llorar, se les llama “Plañideras”, es decir que mujeres son contratadas para llorar por diversas razones, según la cultura así era la costumbre. Por ej: para los egipcios existía un tabú donde no permitían que los familiares lloraran por un familiar que había muerto, entonces contrataban a las plañideras. Para los judíos era un oficio que se heredaba de madre a hija, para los griegos y romanos se utilizaban para demostrar el status social que tenía la familia del fallecido. Incluso existían los lacrimatorios, que eran unos vasitos que recolectaban las lágrimas, para luego colocarlos encima de la caja del difunto, para buscar la redención de su alma. 

El llorar nos hace bien, pues no solo sirve para desahogarnos, sino que a través de las lágrimas también liberan oxitocina y endorfinas, hormonas que pueden ayudarnos a sentir una sensación de calma interior y bienestar. Como resultado, después de llorar, es probable que te sientas tranquila, más calmada e incluso aliviada físicamente de algún grado de dolor.

Sin embargo, es importante reconocer que no siempre es bueno llorar.  Cuando ese llanto se convierte en un lloriqueo inútil del que te refugias para no enfrentar tu situación, o demostrando mal agradecimiento porque no tienes lo que deseas, lo que haces sólo es desperdiciar tus lágrimas.

 En la Biblia, encontramos varios ejemplos excelentes acerca del llanto, yo te compartiré tres que en lo personal me dieron grandes lecciones.

  1. Cuando el pueblo de Israel estaba en el desierto, se quejaba constantemente y no agradecía todas las manifestaciones que Dios les demostraba. Pedían comer carne con quejas y lloriqueos y Dios se cansó de escucharlos y se molestó mucho, así que les mandó la carne hasta que se saciaran y les saliera por la nariz.  La historia la encuentras en Números 11. (Cuidado con estar lloriqueando, y quejarnos por todo, en lugar de ser agradecidas). 
  1. Otra anécdota que me impresionó, fue cuando el Rey David estaba clamando por la salud del primer hijo que tuvo con Betzabé. Mientras el bebé aún estaba con vida, David se encerró en su habitación a llorar y clamar por la vida de ese bebé, el bebé murió y los sirvientes tenían temor cómo iba a ponerse David ante esta noticia.  David al enterarse se levantó, se bañó, rasuró, se puso ropa limpia, secó sus lágrimas y se fue al templo a adorar, aceptando esa soberanía de Dios. La historia la encuentras en 2da. De Samuel 12. (Llorar es bueno, pero no para siempre). 
  1. Esta anécdota es mi favorita, porque muestra ese Dios compasivo, bueno y amoroso que tenemos. En Salmos 56:8, dice que Dios lleva la cuenta de todas nuestras angustias, ha recolectado todas esas lágrimas en un frasco, y anota en un libro el motivo de nuestra aflicción. (Él valora cada lágrima que yo derramo en mi aflicción).

Si te consideras llorona, es tiempo de reflexionar qué tipo de lágrimas estás derramando. Son lágrimas que te renuevan y sanan o son lágrimas tóxicas que te enferman y enferman a los demás al verte. 

Revisa tus pensamientos, para regular tus emociones y controlar tu llanto. Dale el valor a tus lágrimas que se merecen, y no las desperdicies por cualquier excusa. Deja de lloriquear porque eso no soluciona nada, mejor busca ser llena de Su Espíritu Santo, que hará que derrames lágrimas para limpiarte y te dará la valentía e inteligencia para enfrentar tu situación y así resolverla. 

Es lindo escribirte, hasta una próxima.

Licda. En Admón de RRHH y Orientadora Familiar 

Wendy Figueroa

 

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