SOY UNA MAMÁ PERFECTAMENTE IMPERFECTA 

Mamá imperfecta

Sí y he aprendido a disfrutarlo… mis hijos hoy en día tienen 22 y 21 años y por mucho tiempo me quebré la cabeza  queriendo que todo saliera perfecto, sin embargo en el proceso y a lo largo de los años entendí que está bien ser una mamá perfectamente imperfecta, es hermosísimo ser mamá y siempre que me preguntan lo describo como dos eventos sublimes que Dios me ha permitido experimentar, pero también seamos honestas de que muchas veces nos encontramos en situaciones muy complejas, aún y cuando sabemos que sin estar preparadas y llenas de temores Dios mismo nos preparó para poder atender la hermosa labor de ser mamá, porque no importa si nos quedemos en casa o nos toque salir a trabajar fuera de casa, esas situaciones y lo que ellas traen de la mano nos hacen dudar de nuestra capacidad o de nuestro rol como mamás. 

Hace unos días me tocó estar fuera de casa en otro país por temas de trabajo, fue allí en una de esas noches estando sola en la habitación de un hotel a varios cientos de kilómetros de distancia en donde nació este artículo y el título de este, porque soy una mamá perfectamente imperfecta que ha aprendido a vivir libre de culpas para disfrutar el hermoso regalo de la maternidad.

Y ahora que estamos en las vísperas de la celebración del día de las madres, quiero compartir contigo cómo he aprendido a vivir así, libre de culpas y sentirme bien en medio de situaciones complejas.

Lo primero que hice hace un par de años, fue entrar en un nivel de consciencia plena de que no soy perfecta, de que no puedo tener el control de lo que pasa en la vida de mis hijos y de que no soy capaz de estar las 24 horas del día con ellos, pero recordar la palabra de 2a de Corintios 12:9 que dice “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en mi debilidad” me hace avanzar sin miedos, sin culpas y en paz, porque sé que en mi debilidad es El Señor quien con su amor y gracia cuida cada detalle en la vida de mis hijos y en la mía también.

Este nivel de conciencia llegó justo hace 5 años, era un 8 de mayo del 2017 y yo estaba en un aeropuerto esperando que la línea área resolviera un atraso en el vuelo que me llevaría de regreso a casa, ese día era la festividad del día de las madres en el colegio de mi bebé en ese entonces ya tenía 17 años – pero sigue siendo mi bebé y ahora ya tiene 22 – él estaba en el último año de colegio antes de volar hacia la etapa de colegio de su carrera profesional en donde evidentemente ya no habrían más celebraciones del día de las madres, yo sabía que esa celebración sería la última de su etapa estudiantil y honestamente no me la quería perder… allí en esa puerta de embarque sentada con el corazón estrujado le pedí tanto al Señor se resolviera lo del vuelo para yo poder llegar a tiempo al evento y ¿qué creen? Una vez más Dios lo hizo, llegué a Guatemala, fueron por mi al aeropuerto, me cambié en el carro, llegué al colegio justo en el momento que empezaba la celebración y mi corazón volvió a la normalidad, en mi perfil de Facebook hay una fotografía como recuerdo de aquel día, no logré ir al salón a peinarme, pero si logré llegar y estar con mi hijo en uno de los eventos que siempre guardo en mi corazón. Pero, así como en esta oportunidad lo pude lograr gracias a Dios, he tenido otros momentos en los que de pronto me he perdido algo importante de sus vidas y pensar frecuentemente en ello me hacía sentir muy mal, sin embargo, un día vino a mi la luz y entendí que está bien ser imperfecta, que está bien no poder estar en todo lo que pasa en sus vidas, entendí que no tiene nada de malo ser madres imperfectas, al contrario, nuestros hijos necesitan una madre real. 

Hoy te comparto una de mis mayores luchas y que muchas veces me hicieron sentir mal o con culpa, como te contaba más arriba… por cuestiones laborales me ha tocado viajar eventualmente fuera del país desde hace muchos años y aunque no son viajes tan constantes como en otras posiciones, cada vez que me tocaba viajar tenía una mezcla de emociones, por un lado, la alegría de conocer nuevos lugares y nuevas personas, pero por otro lado tristeza por irme sola y dejar a mis hijos – no se quedaban solos evidentemente, mi esposo ha sido y sigue siendo un padre espectacular y presente, pero para mí era terrible – tengo cada anécdota que en otros momentos les iré contando.

Sin embargo, estas vivencias me han llevado a brindarles seguridad de que ahí estoy para ellos, pero también me llevó a abrir mi corazón con ellos de decirles que en medio de mis viajes de trabajo sigo estando pero desde otra perspectiva y aprendimos los tres de que también podemos estar separados sin afectar el vínculo que nos une, he aprendido a disfrutar todo lo hermoso que trae la maternidad incluida estos pequeños o grandes momentos que nos recuerdan que seguimos siendo humanas, nos pone los pies en la tierra de que somos imperfectas, pero Dios en su infinita misericordia guarda en completa paz mi corazón y el de mis hijos.

Hoy te quiero recordar que no existe la madre perfecta, pero sí un Dios perfecto que nos capacita y nos habilita para desempeñar la hermosa tarea que ha puesto en nuestras manos con amor, no con perfección.

“Muchas mujeres hicieron el bien; más tu sobrepasas a todas” Proverbios 31:29

Con cariño,

Eloisa Dieguez

Life & Executive Coach

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